Crónica de un Agosto.

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Crónica de un Agosto.

Mensaje  Ezequiel el Mar Ago 30, 2011 9:34 pm


O lo que se le parece. Son impresiones que revivo cada año. Impresiones de un viejo que ha vivido de todo. Ya me perdonaréis si me paso, si me equivoco.
Hablo por mí. Cuando vivían nuestos mayores, y nosotros no éramos jubilados, nuestras visitas al pueblo en las vacaciones eran "obligadas". Visitábamos no tanto al pueblo como a los padres, o a los abuelos; siempre a los mayores. Ocho, diez o quince días, porque el permiso no daba para más, nos parecía muy poco. Ahora que faltan nuestros padres y cuando nosotros ya estamos jubilados, la obligaciòn de entonces se convierte en "devoción" y a más el tiempo no acucia; aquellos ocho o diez días se pueden convertir en un mes o más. En despertador de cada mañana ha pasado a mejor vida en nuestro caso y si físicamentre sigue en la mesita de noche es por costumbre, para hacer bonito o para ver la hora cuando nos levantamos a hacer según qué menesteres.
Este mes de agosto, como de costumbre, lo he pasado en el pueblo. Casi entero. Y quisiera contar mis impresiones. Os diré, por supuesto, que ya no se trilla. No hay aquel ajetreo de nuestros tiempos mozos. Aquel pelearnos con el trillo, la horca y el bieldo y hasta con los tábanos. Aquel esperar el viento del norte que a veces llegaba tarde y flojo, para desespero del abuelo.
De estos pueblos, de sus gentes, de cómo se pasaba el agosto, ¿qué queréis que os cuente que no haya dicho ya? ¿Que no sepáis vosotros de primera mano? ¿Que los mayores no lo hayáis vivido y lo estéis viviendo? Pero os recordaré algo, porque hay días especiales. Vamos con ellos. No se trilla, pero se "fiestea". Digo que cuento mis vivencias de éste y de otros agostos no muy lejanos.
Día 2, Fiesta de Llama. Día 10, Fiesta de Felechas. Dïa 16, Fiesta de Boñar. Día 20, Fiesta de Grandoso. Día 24. Fiesta de Veneros. Día 26, Fiesta de Colle. Día ....
Todas trazadas por el mismo patrón. Como en mis tiempos, casi no hacen falta programas; si acaso sirven para hacer propaganda de algún queso o morcilla y sacar algunas perrillas. Ahora se coloca un póster en lugares estratégicos (por ejemplo en el contenedor de la basura) y todo el mundo del contorno se entera.
Misa solemne a las doce con su procesión del Santo o Santa alrededor de la ermita correspondiente (el pendón de antaño se perdíó, ya no ondea), con retumbar de cohetes en el cielo, con música de gaitas, con repique de tambores, de campanas o campanillas. ¡Qué gusto ver a las mozas cargar con las andas de la imagen! ¡Y también a los mozos, eh! Todos vestidos con las mejores galas, menos los jóvenes, que van como les parece y quieren, si es que van.
Vermut en cantinas improvisadas a veces y comida familar de los mejores guisos de cordero que ha preparado el ama, en las casas. Por cierto, creo que ya no se mata la "machorra"; ahora se compra en el super la pata o las costillas de cordero.
Y eso sí. Música, música a todo volumen de la orquesta o de la máquina toda la noche a partir de las doce y bailoteo en el prao o en las eras hasta las tantas de la madrugada, que se prolonga con el desayuno de chocolate con churros, o un par de costillas de cordero o una choricillos si se tercia. Juegos para los pequeños y algún concurso de menor monta para los grandes.
Especial "diana" el segundo día, diría que el acto más relevante, cuando los jóvenes, disfrazados algunos, chicos, grandes y hasta viejos, con su sombrero o camiseta hecha para la ocasión, recorren las puertas de las casas degustando las galletas, los pinchos de jamón o queso, la morcilla y puede que hasta las sopas de ajo; todo regado con el vasito de sangría, de coca-cola, de fanta, con el chupito de anís y cosas más fuertes, que a veces emborrachan. Ah, y pidiendo una contribución para los gastos.
Otras fiestas.
En estos diez o más pueblos del contorno, a menos de quince o veinte kilómetros de distancia unos de otros, se han concentrado todas las fiestas patronales en el mes de agosto. Es cuando hay más ambiente, cuando acuden los nativos alejados durante el año de su terruño y le añoran. Con que día sí y otro también retumban los cohetes en alguno de ellos como diciendo: "eh, que hoy es aquí".
Por eso a los jóvenes ni los vemos; llegan a casa temprano, como a las siete, cuando nosotros nos levantamos y tropezamos inesperadamente con ellos en la escalera para preguntarles con nuestra candidez: ¿qué, tu también te levantas a hacer pis?. Nos miran con las ojeras de dos semanas y se van a la cama; a dormir hasta las seis de la tarde, cuando la comida ya está fría y la merienda todavía no está a punto. Merodean un par de horas, se duchan y a pasar otra noche al sereno de las eras o de la plaza de otro pueblo. No sé, cuando comen. ¡Qué vida!
Me pregunto muchas veces si en nuestra juventud hacíamos lo mismo. Aunque sé de alguien, que cuando llegaba a casa a las cuatro de la mañana, tenía que ponerse el mono para meter la paja ya trillada y limpia, o coger el bieldo para aventar la parva porque hacía viento propicio.
Aquella y no ésta es la vida de los jóvenes de hoy en el mes de agosto. Todo lo más añaden una salida a León, no para visitar la catedral o San Isidoro, ni museos; visitan los "monumentos" del "barrio húmedo" donde, por dos euros, comen ese día a base de vinos, una cañas y espléndidos pinchos de tortilla o chorizo. A veces suben a la cruz de la peña o la peña de la cruz, tanto da.
No penséis que lo reconocerán, pero para la fiesta de Veneros y Voznuevo ya tienen ganas de que aquello acabe de una vez. Desean volver a la vida tranquila de urabanitas y descansar de tanto ajetreo, en el instituto, en la universidad, en la oficina los que trabajan, o seguir buscando un empleo los más. Por lo menos desean dormir en su cama las horas correspondientes y en su tiempo. Eso sí, soñando en el agosto del año que viene. Os reto a refutar o confirmar esta idea mía de la juventud en el mes de agosto; si no, la doy por buena, ya que "el que calla, otorga".
El encuentro. Sí, por fin nos encontramos cara cara los "foreros" (aunque no todos), y charlamos, cambiando impresiones del año vivido unos lejos de otros. La vida cada uno la tenemos montada en nuestra parcela. El agosto nos regala estos encuentros, estos apretones de manos y hasta unos abrazos y besos, ¿por qué no?
Por lo demás, todo como de costumbre. La poca gente del pueblo, feliz con los visitantes: hijos, nietos, sobrinos, conocidos. Los mayores que venimos de lejos a pasar unas vacaciones, felices con tanta quietud, con tanto silencio, interrumpido a a veces con el retumbar de una "libélula" que merodea a cuatro palmos de nuestras cabezas y que hasta nos hace fotos; felices porque un mes respiramos aire más puro que las urbes.
Los jóvenes felices porque dicen se lo pasan bomba y les creo seriamente. Felices todos, en fin, por encontrar y saludar a los nuestros.
La crónica fotográfica de todo lo que os cuento llegará con creces a su debido tiempo en la sección de FOTOS. No hace falta que os lo prometa. Sí os la recomiendo.



Ezequiel

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Re: Crónica de un Agosto.

Mensaje  trotamundos el Jue Sep 01, 2011 10:57 am

Mi crónica de agosto es más sencilla que la de mi predecesor. Más corta como más corto ha sido para un servidor el tiempo de disfrute en el pueblo. Pero eso sí, muy intenso ya que he tenido la oportunidad de practicar en las artes de la albañilería y la pintura de paredes , técnicas estas que requieren además de la destreza que no tengo , de una doblez de espinazo y aporreamientos de todo tipo que contribuyen muy activamente a que el chorizo y el vino adquieran una buena consistencia y merecido reconocimiento. Uno no se las da de buen gourmet, pero …¡ay amigo! como los cates con una buena sudada salen virtudes hasta del pellejo.
Tuve la suerte de haber sido pillado in fraganti por Ezequiel que me inmortalizó con una foto estupenda que ya me ha mandado y yo le agradezco. La he puesto en un pequeño marco con el desacuerdo de mi Santa Esposa que me dice que nunca vio una foto enmarcada en la que aparezca un tío “lleno de mierda” con un mono apegotado de pintura y zapatillas rematadas con cinta americana. ¡Coño, pues aquí está el primero! Normalmente los hombres, en la distancia corta, solemos evitar los cara a cara con la mujer porque siempre perdemos. Yo en esta ocasión he presentado batalla y de momento la he ganado. Digo de momento porque me da que me acabarán “cambiando de sitio” el susodicho.
A quienes nos gusta madrugar podemos disfrutar de esa maravilla de salida de sol que tenemos en el valle, ver como los pájaros empiezan a desperezarse con sus cánticos y los gatos vienen a reclamar su almuerzo en cuanto te ven deambular por allí. Y cómo no, el rugido de nuestro aviador que ya es todo un clásico en las mañanas de agosto. Y ese cafelito en Boñar a las 8 de la mañana con el churro por cuenta de la casa, siempre te encuentras a la misma gente, unos porque están trabajando y otros porque aunque de vacaciones ya tenemos cogida la hora.
¡Qué maravilla! Lo malo es tener que volver de nuevo a este Madrid que nos gusta y nos desgasta pero en el contraste está la valoración justa y objetiva. Volverán otras vacaciones y escapadas de fin de semana, y ahí estarán nuestros pueblos con sus buenas gentes, y seguirán estando el chorizo y el vino mientras nuestros mayores nos cuentan sus hazañas de antiguamente. Nuestras casas nos seguirán reclamando sus arreglos y chapuzas de cada año, y ahí estaremos nosotros para escuchar, currar, comer , beber y seguir disfrutando de lo que tenemos.

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